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ADIÓS ESPAÑA QUERIDA

ADIÓS ESPAÑA QUERIDA

Son las ocho de la mañana, Domingo nublado de este Mayo azul. Llevo ya más de dos horas en pie. Hace años que me acostumbré a desayunar mientras despuntaba el día. Antes tenía motivos para madrugar: café con tostadas calientes antes de ir a currar. Ahora me levanto porque sí. El protocolo es el mismo: me hago la cama, me ducho, desayuno y me visto. Bueno, el mismo no exactamente. Ahora demoro un tiempo más el acto de ponerme la ropa. Como si esperara una llamada importante antes de salir por la puerta.

En realidad sí que la estoy esperando, desde que reparto curriculums como el que tira pelotas por un desfiladero: sabiendo que caerán olvidadas. Al principio, cuando me despidieron, no me lo tomé a mal: no era la primera vez que perdía un trabajo, y siempre he sido afortunado con los empleos. Soy un buen albañil, conductor de camiones, ayudante de cocina, repartidor de pizzas… vamos, que he hecho de todo. Hasta hace unos pocos meses el mercado estaba limpio, quiero decir que este tipo de trabajos estaba reservado para nosotros. Mis compañeros de trabajos y yo mismo formábamos un conglomerado heterogéneo y divertido: marroquíes, peruanos, bulgaros, nigerianos… sólo el encargado de turno era español. Algo similar a lo que sucede con los equipos de fútbol españoles, vamos.

Desde hace ya un tiempo las cuadrillas empezaron a poblarse de trabajadores hispanos, primero llegaron tímidamente pero hoy son mayoría. Su incorporación al sector de “trabajos que los españoles no quieren realizar” nos ha recluido en un rincón, el del 30% de inmigrantes que estamos actualmente en desempleo en España.

Mientras pienso en estos asuntos ya son casi las 9 nueve de la mañana. El teléfono me mira inquisitoriamente pero se mantiene en un perturbador silencio. Miserable!

Enciendo la televisión: uno de los titulares en esta mañana de nubes es que el gobierno español pagará el subsidio por desempleo a todos los rumanos que se comprometan a buscar trabajo en su país.

Creo que hoy tampoco voy a vestirme. En vez de eso buscaré billetes baratos para Bucarest. Llamaré a mi mujer y le diré que regreso a casa. España ha dicho que merecemos un descanso, que nos reclaman en los Cárpatos. Nos invitan, gentilmente, a marcharnos, como ya hicieron con los no comunitarios hace meses.

Quién sabe si volveré. Quizá cuando los “trabajos que los españoles no quieren realizar” vuelvan a pertenecernos a los nadie exista de nuevo un sitio para mí. Hasta luego entonces. Adiós.

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3 comentarios

Anónimo -

Y los españoles ¿a dónde nos vamos a ir?

kikevazquez -

tio, suerte alli donde fueres. un compañero de sitel sevilla

victor -

Es un triste destino para muchos Rober... Ojalá encontremos la forma de que el trabajo sea una premisa y no un derecho de algunos
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