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vitibici. EL VITIBLOG

Cuatro patas pa un banco

Cuatro patas pa un banco

Hace muchos años ya que estoy enamorado de Fabiola. Ella lo sabe y me ignora. Yo me temo que me ignora porque lo sabe. Hubo un tiempo en que ella también me quiso. No sé. Debió de ser muy poquito tiempo aunque a mí se me hizo eterno. Quiero decir: odiaba que fuera tan absorbente, que siempre estuviera encima mío, pendiente de mi vida tanto como mi mamá. Yo no la quería.

Debió de cansarse pronto porque luego vino el desprecio. Ahora que ya han pasado casi tres años desde aquellos momentos en que ella comía de mi mano y puedo recapitular un tanto, creo que dejó de quererme justo en el momento que se dio cuenta de que yo empezaba a necesitarla. Me refiero a que me acostumbré demasiado pronto a tener a una mujer bonita bailando mis aguas. Hay que reconocer que ella se volcó mientras le duraba el amor: cada mirada suya, cada caricia, cada palabra servían para reconfortar mi ego y hacerlo todavía más vanidoso de lo que ya es. Así que era inevitable que llegara ese día en que necesitaba tenerla cerca de mí. Fue en ese preciso momento cuando ella dejó de quererme. El día que le dije "te amo". Hasta entonces me había mantenido irreductible. Ella decía que me quería en la cafetería, en el parque, delante de los amigos... y yo callado. Duro. Insensible.

Uno no sabe que pensar cuando le hablan de amor. Algunos dicen que es un estallido de emociones, como si el mundo comenzara a oler mejor, a tener más colores cuando uno se enamora. Otros dicen que no, que eso es sólo pasión, pero que el verdadero amor se manifiesta de forma mucho más paulatina y menos romántica. Es decir: carrera de cien metros lisos o maratón. Uno ya no sabe ni que pensar. Con Fabiola me sucedió lo segundo. Y a ella, en cambio, lo contrario. Justo cuando ella terminó su maravillosa carrera de diez segundos yo estaba arrancando suave y rítmicamente. Lo que no sabía es que todavía iba a estar corriendo detrás de sus faldas.

Al principio pensé que sería cuestión de reconquistarla, pero al cabo de ocho semanas mi razón era plenamente consciente de que aquella guerra se había perdido. Y se perdió cuando ella conoció a Edgardo, el idiota machito que conoció en el cumpleaños de Clara. El caso es que él no debió de hacerle demasiado caso. Y eso Fabiola es algo que no puede resistir. Ella puede jugar con los hombres, decidir cuándo y cuándo no, enamorarse y salir corriendo cuando le venga en gana. Pero que sea un hombre el que le haga eso, eso no. Así que se propuso conquistar una nueva polis, al modo de los griegos antiguos, y ésta se llamaba Edgardo. Pero éste debe ser menos torpe que yo, porque todavía no ha caído en el juego de redes que ella le propone, así que nada, está loquita por él. ¿Se tratará de estrategia? A veces me parece que estoy detrás de Holly, la mujer de Tiffany´s, cada vez que la veo arregladita buscando.

Con Edgardo salgo de vez en cuando. Somos coleguitas. Mi venganza consiste en que él está perdidamente loco por Clara, la chica del cumpleaños. Pero me refiero a empalagoso. Ramos de flores y dedicatorias de un romanticismo que huele a Disney, perdón por ser un poco cruel con Edgardo, pero es que no se puede ser tan hortera de dar el coñazo a una tipa que no te presta la menor de las atenciones. Y, sobre todo, me encanta ver sufrir al hombre por el que pierde las bragas mi amada. Es una victoria pírrica, lo sé, pero al menos me río mucho cada vez que Clara me lo cuenta.

Nunca vi mujer como ella. Calculadora y cínica. Bella y pasional. Nunca tuve mejor sexo que el que tengo con Clara. Tiene bastante experiencia y a mí me está ayudando a sobrellevar lo de Fabiola. Creo que se muestra tan sumamente sensual y erótica porque no teme que vaya a enamorarme como un bobo de ella. Sabe que a la que amo verdaderamente es a mi Fabi. Con el tiempo estoy ganando en experiencia y últimamente empiezo a estar convencido de que, en el fondo, todo este juego encierra un asunto de fondo: (in)fidelidad in-felicidad.  La verdad es que no tengo ni idea.

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1 comentario

Jorch Terro -

Grande Rober!!!!
Como va por León? Seguro que mucho vino y poca bici pero mucha elegancia. Espero verte pronto!!
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