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El Teleno

El Teleno

Montaña espectadora y expectante. Montaña acechante y retadora, montaña cargada de rabia y de belleza. Desgarradora montaña que destroza piernas y acota sueños. Montaña cargada de trampas y agujeros, siempre fuerte, nunca insípida. Torbellino de primavera y cortante invierno. La montaña es esa mujer que siempre amaste y nunca te terminó de amar. O esa otra que, detrás del siguiente collado, te sigue esperando. En una montaña cabe el mundo. Sacrificio en cada paso. Miedo al colgar tus pies entre una roca destemplada. Agua rica y sin colorantes, que mana de sus entrañas y te ofrece vida a cambio de aliento. Un paraíso escabroso y ganchudo. Un anzuelo cortante que cuando te engancha no te deja soltarte. Presumida montaña la que te mira cuando aún no has empezado a subir y mantiene orgullosa su esbeltez cuando la bajaste. La misma que te abre una ventana a otro mundo distinto que sólo puedes contemplar desde su cumbre. Ese embriagador viento que se desvela mientras acaricias sus laderas y te agarras al brezo para no descollarte entre la dura tierra.

Tentadora y cruel, negra y verde. Capaz de proporcionarte euforia y desesperación en un mismo instante. Lugar incomparable para descubrir la esencia humana. El egoísta y el miedoso, el osado y el cobarde, valentía temerosa y mochilas cada vez más pesadas. Recodo de soledad y de compañerismo. Cuando alguien te dice justo las palabras que necesitas escuchar para seguir ascendiendo. Cuando eres tú quien debe decirlas en el preciso momento en que el compañero lo necesita. Una montaña muestra entre sus laderas los secretos que a veces se insinúan en la ciudad.

El teleno está en la maragatería, comarca de paredes de pizarra y estepas repletas de encina. Lo que antes fue un coloso virgen hoy sirve de campo de tiro para que el ejército español realice prácticas. El teleno está achicharrado por el fuego. Ya sólo crecen brezos por sus laderas. Brezos y arándanos. Eso dicen los más viejos. El ministerio de Defensa español compró sus terrenos allá por los años ochenta y privó a los maragatos de explotar la montaña del teleno para montañeros y paseantes. No hay una sola señal para ascender a su cumbre. Sólo cortafuegos y restos de proyectiles por su suelo pedregoso. Pese a todo, el teleno  sigue manteniendo la belleza que siempre ostentó. Basta con atacar su cima para comprobarlo.

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2 comentarios

Raúl -

No soy muy montañoso pero el Teleno es uno de los picos que he logrado ascender. Lo recuerdo con mucho cariño pues para subir sus casi 2.200 metros de altitud dejé unos cuantos litros de sudor por el camino.

Tantas veces se ha incendiando el área del entorno que sus vecinos lo ven como algo corriente. Las estúpidas prácticas de un grupo de guerrilleros ha mermado mucho el entorno ambiental y especíalmente a robado una zona pizarrera que tiene especial encanto turístico.

El Teleno es una de esas montañas desconocidas que, como Rober describe con sus palabras, merece la pena ascender y disfrutar.

Un abrazo maestro.

Alfredo -

La montaña siempre tiene ese magnetismo especial que pese a todas las penurias, dificultades y demás obstáculos a uno siempre le atrae. Hace unos días estuve 3 dias en la montaña en tienda de campaña subiendo un pico tipo el Teleno...Que bueno que lo hiciste Rober!
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