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Que no te la den con queso.

 

A quien no le gusta tomar un buen vino acompañado de un gran queso. Son dos productos que desde tiempos ancestrales han ido de la mano como buenos compañeros. Combinan a la perfección y prácticamente todos hemos disfrutado de grandes momentos alrededor de esta pareja tan entrañable.

 

Pues bien, no todas las parejas son tan perfectas como parece a primera vista.

 

La lengua, con ayuda de las papilas gustativas y de las terminaciones nerviosas conectadas a las mismas, es capaz de hacer llegar la información al cerebro de todos aquellos matices que han pasado por nuestra boca. Esto se cumple siempre y cuando algo no bloquee esta secuencia. El queso, ya sea este suave o fuerte, es capaz de colapsar las papilas gustativas, haciendo que estas, no sean capaces de realizar su función con cualquier otro producto ingerido a continuación, como por ejemplo un buen vino.

 

Esto no es un descubrimiento de última hora, bueno quizá ahora podamos darlo una explicación científica, pero ya hace muchos años que los bodegueros se percataron de este asunto enfocándolo hacia su propio beneficio.

 

Parir un buen vino no es tarea fácil ya que hay multitud de factores que condicionan esta labor. El clima puede estropear una gran cosecha, un exceso de sol repercutirá en un exceso de grado alcohólico, una gran cantidad de lluvias antes de la vendimia hará engordar la uva ofreciendo la problemática contraria, etc, etc. Por supuesto que una buena materia prima será fundamental y no digamos un gran conocimiento de la materia por parte de la persona encargada en la elaboración. Por ello el resultado final del producto siempre es una incertidumbre para el bodeguero y algo que hoy por hoy no se puede controlar, aunque muchos se empeñen en hacer ‘vino de laboratorio’. Pese a todos estos problemas el vino hay que venderlo y aquí es donde entra en juego la picaresca que va tan unida a nuestro país.

 

Antiguamente, hoy en menor medida, el vino se vendía ‘a granel’ en las bodegas y por ello el posible comprador estaba prácticamente obligado a probar el producto in situ. El bodeguero, muy hábil, daba a probar su producto acompañado de queso para de esta manera camuflar las carencias de su producto. La práctica de esta táctica para vender los vinos de peor calidad dio origen a una frase que hoy en día es conocida por todos…. ‘que no te la den con queso’.

 

Así que ya sabéis chavales, que no os la den con queso, aunque con los tiempos que corren hay que andar con mil ojos para que no sea así.

 

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2 comentarios

Roberto -

Ahí estamos Ricardín!!! Dando fuerza a "Sabías qué?" Siempre te tiró mucho esta sección. Muy bien explicado, sí señor!!!

jose -

Joder y yo que pensaba que era porque casaban los sabores...

Muy interesante Mr. R.

Un saludo
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