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Aprendiendo escandinavia

El hecho de vivir lejos de la tierra que me crió y de las costumbres y maneras que durante tanto tiempo modelaron gran parte de lo que soy ahora y estar en un sitio diferente desde muchos puntos de vista, solo puede ser positivo. O al menos así lo debemos ver. Vivir cerca del círculo polar ártico a pesar del frío y mucho más es un privilegio.

El hecho de poder vivir en un lugar diferente implica necesariamente aprendijaze, y el aprendizaje a mi juicio siempre es positivo, pues aunque uno aprenda algo identificado socialmente como malo o negativo, siempre aprendera algo bueno, o al menos eso creo. Una de las cosas que más me ha sorprendido de estas tranquilas y silenciosas personas que pueblan escandinavia es la palabra “respeto”. No me refiero a que ellos me hayan enseñado a pronunciarla, sino al significado que aquí adquiere. Y no estoy tratando tampoco de hacer una comparación con el mucho o poco respeto que hacía las cosas se profesa es otros lugares.

El respeto aquí es muy importante, sea hacía las personas, sea hacía las cosas, pero sobre todo hacía la naturaleza, y es esto último lo que más me fascina. Su respeto hacía la naturaleza, lo que ahora se denomina conciencia verde o ecologista y que tan de moda esta en todo el mundo occidental. Aquí puedo afirmar no es una moda, es un estilo de vida tan viejo como para un mediterráneo el aceite de oliva. Respeto independientemente de si existe un “cambio climático” o no, de si este es por culpa del ser humano o es evolución lógica del clima y por tanto de la naturaleza. Es algo que trato de aprender y que me gustaría mucha más gente aprendiera. Respeto a la naturaleza como un todo, porque la naturaleza o la madre tierra o como se la quiera conocer lo es todo y si no existe un respeto todo puede acabar o al menos todo puede ir mal. La naturaleza entendida desde el primer copo de nieve que cae en lo alto del Kilimanjaro, corazón de Africa y esta a su vez creadora de los primeros seres humanos. Respeto a ese copo de nieve que se transforma en hielo y en glaciar para poco a poco durante largo tiempo deshacerse y formar corrientes de agua que alegres descienden por las laderas. Respeto a ese agua que ahora erosiona y moldea el paisaje y a su vez adquiere nutrientes y minerales que sirven para alimentar a las hierbas de la sabana y a los animales que nos daran de comer. Respeto a esos bosques formados por el agua del río y que viene del glaciar, esos bosques formados por algo único y extraordinario en la naturaleza, los árboles, fuente de vida con su poco recordada fotosíntesis que transforma el hoy tan odiado dióxido de carbono en el ansiado óxigeno. Esos árboles que nos proporcionan madera para construir, para escribir, para tantas cosas. Respeto para esos animales que comen hierba y que serán cazados para la supervivencia por otros animales, una parte ira para ellos, otra para las microorganismos que a su vez nutren y alimentan otra vez la tierra haciendola fértil para que los seres humanos puedan cultivarla, o recolectar lo que necesiten de las plantas. Respeto para esos animales que vendran a comerse la carroña y para esos otros que después de haber cazado seran cazados por el depredador más temido, peligroso e inconsciente de la naturaleza, el ser humano. Ser humano que ha basado su desarrollo y evolución en la naturaleza, primero en la recolección de plantas y caza de animales, luego en su cultivo. Más tarde en la recolección y utilización de minerales y finalmente en su transformacción, base del actual desarrollo tecnológico. Respeto a esos minerales, piedras, montañas y tierras, que a pesar de no gritar nos piden respeto. Respeto en definitiva a la vida en todos los sentidos, pues nuestra la Tierra es un planeta vivo. Porque respetando la naturaleza nos respetamos a nosotros mismos, ya que de ella venimos.

Por todo esto y por mucho más debemos respetar al sitio donde vivímos, no sólo al trozo de jardín a la puerta de casa o a nuestra área o región, sino a todo el planeta, a todo lo que ocurre, pues todo es único y gran sistema que necesita que el frágil equilibrio de la vida se mantenga basado en el respeto. Y no quiero decir que los escandinavos sean perfectos, ni mucho menos, pero si tienen el respeto a la naturaleza como algo básico y fundamental en sus vidas, se podría afirmar que es casi una religión para muchos de ellos.

Respeto y aprendizaje, dos palabras clave. Aprendizaje para poder respetar, y en definitiva para poder vivir y dejar un legado que otros puedan aprender a respetar.

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2 comentarios

Rober -

Sí señor. Eso es lo que hace falta. Empapate bien de ese respeto. Esa es la mirada. Aupa.

Daniel -

Muy bueno. Toda la razón. Aquí en España tendrán que pasar varias generaciones para llegar a esa cultura. Alguien que intenta llevar hoy día una vida de respeto hacia el medio que le rodea es tachado y etiquetado despectivamente por el resto de la sociedad. Así nos va.
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